investigar en el campo supone penetrar en un escenario y ver lo que (realmente) ocurre en su contexto...

Sunday, January 14, 2007

Bournemouth, verano de 2006. Una aproximación autoetnográfica al trabajo de campo en el “Centre for Qualitative Research”...

Motivaciones científicas
Desde mi etapa de estudiante de doctorado he estado fuertemente interesado en una variedad de formas de investigación científica que tienen en común el cuestionamiento de lo meramente objetivo y tangible aplicado a la interpretación en/con fenómenos sociales. Desde entonces, mi interés por las metodologías de tipo cualitativo, constructivistas, críticas y sociohistóricas ha aumentado en paralelo a la temática de mis investigaciones centradas en la educación y el ciberespacio. De forma creciente, las preguntas sobre los comportamientos en el espacio virtual demandan respuestas de tipo cultural. El análisis de fenómenos sociales y educativos se abre a un tipo de investigación que pone el interés en interpretar la atribución de significados entre los sujetos que forman parte de un entramado cultural entre lo local y lo global, y en mi caso, también entre lo físico y lo virtual. Entre otras, la estructura reticular de las relaciones, la asunción de prácticas sociales distintivas, las agrupaciones con distintos grados de estructuración, la temática de los vínculos que mantienen la cohesión comunitaria, las motivaciones que mueven a la acción, la lógica de la comunicación no presencial, deslocalizada e intemporal, son niveles de análisis que interesaban –y siguen interesando—a mi línea de investigación centrada en el ciberespacio y el aprendizaje. Esas cuestiones y temas de investigación hicieron que en los últimos meses me aproximara al método etnográfico, en el intento de profundizar en las claves del comportamiento como partes integrantes de movimientos culturales, ya sean estos susceptibles de análisis macro (Internet como objeto de estudio etnográfico) o micro (el análisis etnográfico de comunidades de aprendizaje virtuales).

¿Motivaciones científicas?
El sistema español de evaluación del rendimiento de los docentes/investigadores universitarios establece una serie de pautas que son necesarias para acreditar la suficiencia de la calidad de su trabajo. Acreditar esta suficiencia es imprescindible para ascender en la carrera profesional de los docentes/investigadores universitarios. La responsabilidad de la evaluación recae en una agencia gubernamental de ámbito nacional que determina el cumplimiento de una serie de criterios de calidad. Uno de los criterios clave es el de las estancias en centros de investigación/docencia en el extranjero. El interesado debe acreditar que posee en su currículum permanencias con una duración mínima de cuatro semanas continuadas en un centro extranjero como paso previo para obtener una evaluación positiva a su rendimiento científico. Mi promoción en la escala docente/investigadora universitaria requería, en el momento de realizar la estancia en Bournemouth, ese tipo de estancia en el extranjero.
El enriquecimiento derivado del choque cultural, el intercambio de ideas, el contraste de teorías, la redefinición de conceptos o la simple exposición a puntos de vista distintos, son razones que justifican sobradamente las demandas de internacionalización por parte de los evaluadores. Por ello, desde que estoy en la universidad no ha dejado de sorprenderme el recelo con el que los departamentos observan la salida al extranjero de sus docentes/investigadores. Cuando plantee en mi departamento la voluntad de viajar a Bournemouth, las complicaciones hicieron que solo fuera posible hacer uso de mi tiempo de vacaciones, es decir, no podía a acudir a un centro de investigación extranjero cumpliendo con un requisito obligado durante el tiempo de mi trabajo, sino que debía responder a la demanda legal impuesta para promocionar en mi trabajo empleando para ello mi tiempo de vacaciones. Un sinsentido. Sin duda, razones de tipo cultural están detrás de estas prácticas y un estudio etnográfico haría mucho por descifrar las claves que las justifican. No es este el espacio para dicho análisis, sino para justificar el por qué de mi viaje durante el verano de 2006, en el mes de agosto y los primeros días de septiembre.

Pero, ¿dónde?
Para mí la ciencia siempre ha sido algo muy serio. Sin embargo, esa percepción es contraria a mi carácter. Y por ello habitualmente he tenido que recurrir a subterfugios para acomodarme en mi trabajo. De alguna manera, he estado sometido a esa contradicción desde mi aterrizaje en “la academia”, lo que me ha llevado a considerar las reglas y el formalismo del proceso de construcción científico con un amplio margen, superponiendo la libertad metodológica e interpretando los argumentos concretos de un modo abierto, en ocasiones incluso yendo más allá del sentido que les dan sus autores. Pero, pese a esa inclinación a la banalidad, nunca había sido capaz de desmontar con argumentos la “gravedad” de los principios que rigen la ciencia. La búsqueda de razones a favor de mi tendencia a la desacralización, pero dentro de la armonía del paraguas de la academia, también fueron claves en la elección de Bournemouth como lugar para la estancia de investigación internacional.
Otra razón principal fue que el destino fuera un país angloparlante. Mi nivel de inglés no termina de ser bueno y una estancia continuada podría ayudar a auparlo.

Y, ¿cómo?
Desde mi etapa de estudiante de doctorado, he venido colaborando como redactor en la revista online “Forum Qualitative Social Research” (FQS). Dado mi interés por los métodos cualitativos, siempre tuve presente que sería a través de la plataforma FQS como conseguiría los contactos del viaje. El contacto de mis colegas de redacción sería clave en ese cometido. Pero de ellos solo conocía la información que traslucía de los datos de contacto en sus perfiles en la Web de FQS.

Kip Jones
Bien, el objeto de investigación durante la estancia iba a ser algo así como la fundamentación epistemológica (con un trabajo de campo de tipo teórico) de la cultura de Internet y los fenómenos socioculturales en el ciberespacio, considerando que éste es un escenario adecuado para la interacción educativa. Por consiguiente, la persona de contacto debía tener cierto apego por lo ciber. Y Kip Jones era el único de los redactores de FQS que incluía en su perfil personal una página Web.
La Web de Kip Jones no es convencional. De hecho, el propio Kip no es un tipo convencional. Su caso es uno de los pocos en los que una Web refleja la personalidad del autor. Entrar en su Web es algo más que entrar en su mundo: “Kip-world”. Para mí, supuso toda una experiencia; de novedad, de frescura, de innovación, de no-academicismo (porque, al fin y al cabo no deja de ser la Web de un científico). Aún hoy siento esa impresión cuando visito su página. Ya desde el comienzo, es fácil percibir que Kip Jones ha captado la esencia de la cultura originaria de Internet: la Web como espacio libre de comunicación, como plataforma para compartir conocimiento, como aglutinante de personas en torno a intereses comunes, para hacer cosas distintas, que serían imposibles sin Internet.
Sin duda, Kip Jones era la persona clave. Mi contacto para la estancia.
Kipworld.net se abre con el titular “Narrative Research & ‘Performative’ Social Science”, justo debajo del nombre de Kip. En España no hay tradición de investigación científica en aspectos performativos. Sí la hay en arte y representación artística, pero no tanto en la investigación cualitativa de lo que ello representa y cómo ésta puede aplicarse en otras áreas del saber. Mi conociendo de la materia procedía de campos laterales, no académicos, como el video-arte, el ciber-performance tras visitar a algunas exposiciones artísticas en España y la Tate de Londres. También estaba adscrito a alguna lista de distribución en Internet como w3art, que trata aspectos del arte en la Red. Luego, mi interés en esa vertiente científica fue creciendo desde las primeras visitas a Kipworld.net, pero decidí dejar para mi visita a Bournemouth (y a mi capacidad de indagación allí) la profundización en la materia. De hecho, más adelante nunca llegué a preguntar a Kip por lo que significa el campo de estudio de la Performative Social Science, y deje que fuera mi propia experiencia en el terreno la que me abriera las puertas.
Comencé a descubrir el mundo real de Kip en nuestros primeros intercambios de e-mails. Las conversaciones en esos mensajes rara vez giraban en torno a temas académicos, sino que trataban de sensaciones, imágenes y evocaciones de lugares y espacios. El imaginario de Kip gira en torno a la imagen, la representación, la significación, la figuración, y la experimentación e innovación en métodos cualitativos. Es aficionado a la navegación y un apasionado del paisaje marino, y yo procedo de una ciudad costera del norte de España, de modo que en nuestras breves charlas era habitual incluir fotos y referencias a Webs de las playas de Bournemouth o de la costa asturiana (región de la que procedo). Esta visión de Kip es especialmente adecuada para llevar a cabo investigaciones cualitativas.
Ese cúmulo de sensaciones constituía el bagaje con el que llegué a Bournemouth. Entonces ya era consciente de que el enfoque de Kip Jones no era el habitual en el ámbito científico de mi entorno. Como decía, todo a mi alrededor se caracteriza por una tendencia a la seriedad y la falta absoluta de riesgo en la investigación.

“Por favor, solo presta atención y deja tus comentarios para luego…”
En esa frase de Kip se condensa todo mi aprendizaje sobre “lo que la investigación cualitativa es” durante las seis semanas en Bournemouth.
A los pocos días de mi estancia, Kip me invitó a visionar su ultimo trabajo, una representación performativa de una entrevista en profundidad a tres mujeres que hablaban de un mismo fenómeno traumático en la vida de todas ellas ("I Can Remember the Night"). El trabajo consistía en un vídeo de unos pocos minutos editado en Powert-Point. La presentación fue en su despacho. Circunstancialmente, Kip compartía el espacio con otros colegas. Para que el sonido no molestara al resto de personas, Kip me ofreció unos auriculares. Aunque el contexto no era propicio para la introspección, el vídeo reclamaba cierta atención por mi parte. La película resulta impactante desde la primera toma. La combinación de imágenes, el contraste de colores oscuros, el sonido agudo envolvente, el gotear de la lluvia… todo es dirigido a crear una atmósfera donde las mujeres entrevistadas verbalicen sus sensaciones y destaque por encima del resto la sentencia que evocaba su trauma: "I can remember the night". La re-construcción de la historia y la representación en vídeo de Kip eran perfectas. Desde luego, no es preciso conocer a esas mujeres, ni es necesario saber detalles de la historia para obtener una visión clara del cruce de caminos en sus vidas. Para acceder a la imagen real y a la imagen que el espectador es capaz de construir con los significados que evoca el vídeo.
Para que el vídeo genere esas sensaciones es preciso antes prestar atención a la combinación de imágenes y audio. Con eso es suficiente. Y eso es algo que yo solo hice durante diez segundos. Las primeras imágenes actuaron en mí como un resorte. Quería saber cómo Kip había sido capaz de hacer algo así: --“Ouauuu… esto es genial, ¿qué programa has utilizado?, ¿de dónde has sacado las imágenes?, ¿cómo has grabado la entrevistas?, ¿quiénes son esas mujeres?, te habrá llevado mucho tiempo hacer esto, ¿verdad?...”. Kip siempre era muy diligente conmigo, siendo amable en todo momento. Pero, en ese instante, su gesto se torció. Se giró y me dijo en tono serio: --“Por favor, ahora solo tienes que mirar la película. Te pido que dejes fuera tu visión de investigador y todos tus conocimientos e inquietudes técnicas. Ahora eso no tiene ningún valor. Luego puedes preguntarme lo que quieras, pero ahora, ¡solo presta atención y deja tus comentarios para luego! Lo que importa es lo que las imágenes te digan a ti, lo que tú veas en ellas y las sensaciones que te provoquen.”.
De forma desinteresada, Kip me había dado una lección magistral sobre Ciencia Social Performativa y, al tiempo, sobre la intención de la investigación cualitativa.

Construyendo el campo: la delgada línea roja entre “(ciber)campo…” y Dani-blog
El enfoque de mi trabajo para los días de estancia no era muy convencional. Mi idea era llevar a cabo un trabajo de campo teórico. Trabajar en el campo y fundamentar teóricamente la intervención, que es algo en principio antitético, debería materializarse en un blog que llamaría “(ciber)campo…”. El blog haría las veces de diario de campo convencional y, al tiempo, de espacio de reflexión teórica a partir de mis experiencias durante la estancia.
Siguiendo los cánones de la investigación cualitativa, además de los objetivos iniciales, la propuesta de realizar un blog estaba abierta a acontecimientos. De hecho, ese grado de incertidumbre terminó siendo su mayor virtualidad. De entrada, emplear un blog, cuyo contenido es público en Internet, para recoger el trabajo de campo conlleva asumir un nivel de transparencia –y de riesgo– que tiene diversas implicaciones en el desarrollo de la investigación. Cualquiera puede opinar sobre el texto que elabora el investigador y, con ello, alterar el discurso originario. Los sujetos que participan en la acción también pueden verse a sí mismos en tiempo real, deconstruidos, diseccionados por el investigador que plasma sus significaciones sobre ellos en un texto abierto a toda la comunidad de internautas.
Esto último es lo que ocurrió con Kip. Él era un agente de la acción y mi principal fuente de inspiración para los post enviados al blog. De alguna manera, cuando accedía a mis comentarios se estaba viendo reflejado en la pantalla de un modo inesperado para él. Lo interesante del ciclo de acontecimientos era el propio juego de interpretaciones. Kip leía los posts en español, un idioma desconocido para él. Para comprender el significado empleaba un traductor online y el resultado daba lugar a equívocos divertidos. De manera que había un primer suceso, una interpretación mía y una lectura y reinterpretación por parte de Kip ayudado por el traductor.
Todo el mundo en Bournemouth aceptó de buen grado mi diario de campo en la Web, al punto de que Kip acuñó para mí el apodo de “Dani-blog”. Tanto es así que el agrado de los investigadores de Bournemouth a participar en mi dinámica interpretativa, supuso un nuevo hito en mi aprendizaje. Un hito cultural. Recuerdo que le comenté a un colega de mi universidad el planteamiento de la investigación y el uso del blog. Le mostré un post donde comentaba una comida con investigadores en la que terminamos analizando series de televisión, películas de cine, chistes y tipos de cafés en el mundo desde enfoques científicos como la fenomenología, la grounded theory o el performance. La primera reacción de mi colega fue la de prevenirme por el posible efecto negativo en esas personas. Podrían tomarse mal el hecho de verse citadas en un blog público. Esa prevención --que también es el centro de debate ético en la investigación cualitativa con sujetos--, es parte de la cultura de investigación en el contexto a mi alrededor. Un entorno científico en el que prima la certeza y la seguridad sobre la innovación, la experimentación y el divertimento. Se supone que en España somos extrovertidos y afables pero, sin embargo, nunca había visto a tanta gente reírse trabajando como en el Centro de Investigación Cualitativa de Bournemouth. Resulta difícil de imaginar a un investigador en mi entorno de la categoría científica de Kip refiriéndose a un colega-aprendiz mediante un apodo similar a “Dani-blog”, con el bagaje de connotaciones que ello supone. Trasvasar la delgada línea que separa uno y otro comportamiento puede explicar las diferencias ente los dos modelos científicos que se estaban confrontando en mi cabeza durante las semanas que duró mi visita.

“Pretty amazing”
De la última fase de mi visita destaco la participación en un evento científico que tuvo lugar en la Universidad de Bournemouth, organizado por el Centro de Investigación Cualitativa. El evento consistía en un congreso sobre investigación cualitativa seguido de una Masterclash a cargo del profesor Steen Halling, de la Universidad de Seattle (USA), que versaría sobre la fenomenología dialógica entre expertos.
Las conclusiones de ambos actos vinieron a reforzar y contrastar en la práctica mis percepciones anteriores. Pero fue en la Masterclash donde verifiqué que es posible hacer las cosas de otro modo también en la forma de conducir las dinámicas grupales en una sesión de clase, es decir, en una situación de aprendizaje presencial estructurada. Ciertamente, la temática era propicia para hacer planteamientos no transmisivos, y aun así, el enfoque de Halling llegó a descolocarme por completo (más tarde pude ver cómo Kip preparaba una Masterclash empleando un enfoque similar en su filosofía, que yo catalogaría como característico de las estrategias didácticas anglosajonas).
Y es que el método seguido, basado en ceder el protagonismo a las vivencias e impresiones de los asistentes antes que al conocimiento del experto que imparte la sesión, no es muy habitual en mi entorno. Steeen Halling era anunciado como todo un experto en la materia, pero no se había preocupado de hacer ni siquiera una presentación en PowertPoint; se suponía poseedor de un bagaje de investigación de muchos años, pero solo había dejado un par de artículos genéricos como material preparatorio de la sesión; su planteamiento era innovador y, sin embargo, no citaba avances recientes o trabajos de otros colegas en la vanguardia del conocimiento. Algo falla, pensé. Este hombre nos está tomando el pelo.
Desde luego no fue así. La clave parecía estar en que Hallin tenía perfectamente interiorizado el sentido de su discurso, cuál era su propuesta. Ésta no necesitaba más aditamentos que el proceso de aprendizaje que iba a generarse con la propuesta metodológica, en este caso fenomenológica. No había contenidos que fueran la “llave” del conocimiento en esta ocasión. El proceso iba a ser participativo y serían los asistentes quienes construyeran las prácticas, ofrecieran unos resultados y plantearan sus propias conclusiones. Todo eso era único para esa ocasión. Era localizado, contextualizado. No hay posibilidad de replicar aquel proceso, tan solo de hacerlo de forma parecida. El contenido se escribe durante, no está dado con antelación.
Tan solo con seguir un principio didáctico básico, adecuar medios (metodologías) a fines (aprendizajes), Halling había hecho algo que rompe con los cánones que siguen este tipo de sesiones en mi contexto de referencia. Claro, eso supone renunciar a estructuras previas y diseñar la intervención de forma específica para cada marco de acción.
A menudo, Halling empleaba una muletilla para significar un hecho relevante. --“This is pretty amazing”, repetía machaconamente. Esa misma expresión rondaba mi cabeza al salir de la Masterclas. En mi caso aplicada a la experiencia que acababa de vivir.

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